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Un lugar donde verter mi estupor por el imparable avance de la irracionalidad y el oscurantismo contra todos los pronósticos ilustrados. Y otras cosas... de Manuel Harazem.

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ESTATUARIA II

Archivado en CÓRDOBA • Fecha: 08-03-2005 01:31:51

Horrores urbanos ocultos

Al hilo de mi comentario del otro día sobre la atroz escultura recién trasladada del imaginero Juan de Mesa, me he propuesto organizar aquí algunas ideas que llevan danzando en mi magín desde hace tiempo respecto al resto de las esculturas urbanas de esta bendita ciudad. Lo primero que se me ocurre es la feliz comprobación de que Córdoba resiste. De que es una ciudad singularmente bella y de que lo es a pesar de sus gobernantes, sobre todo de los que le han tocado en suerte en los aproximadamente últimos 70 años, que han hecho todo lo posible por convertirla al anodinismo, por arrasar sus más entrañables estructuras, por falsificar sus señas de identidad con reconstrucciones-pastiche, por venderse a la peste del infame negocio inmobiliario. Afortunadamente, todo hay que decirlo, en los últimos años parece que el desastre organizado ha remitido y que al menos en líneas generales la restauración urbana responde a criterios racionales y artísticamente contrastados, aunque todavía, como demuestra el caso de la ominosa escultura cofrade, siguen campando por sus anchas algunos restos del caciquismo cultural.

Lo segundo es la constatación de que las dos mayores representaciones monumentales de esta ciudad son glorificaciones de la misma terrible cosa: el matarifismo. En dos versiones distintas pero de índole y origen comunes. Se trata sin duda de la especialidad nacional que más ha contribuido a llenar las plazas y calles del territorio de mármoles y bronces y su memoria de sangre y de lágrimas. Hay que decir que el fenómeno no es estrictamente español. En todas partes cuecen habas, pero aquí la pertinacia en el mantenimiento del oprobio es realmente doloroso.

Estoy hablando, claro, de los aparatosos pedestales a que han sido elevados nuestros dos grandes matarifes locales: El Gran Capitán y Manolete. Manolete domina con su delantal de bronce la preciosa plaza del Conde de Priego, una invasión intolerable que debería haber sido remediada hace tiempo. Don Gonzalo Fernández de Córdoba, alias El Gran Capitán majestuosea desafiante en la plaza principal del pueblo: Las Tendillas.

La plaza de las Tendillas es el corazón de la Córdoba moderna. Abierta a partir de otra pequeña plaza de origen medieval fue la partida para la creación, tras el derribo de las antiguas murallas, del ensanche que las burguesías ascendentes de todas las ciudades europeas a fines del siglo XIX y principios del XX llevaron a cabo en sus ciudades como símbolo de su nuevo poder. La particularidad de esta sufrida ciudad es que, a diferencia de la mayoría de las demás urbes, en las que el ensanche se construyó en terrenos vírgenes de lo que fue extramuros, la ilustrada burguesía cordobesa (de origen mayormente cortijero) lo hizo arrasando parte del entramado urbano medieval de dentro de las antiguas murallas. Ello es fácilmente comprobable observando en vivo o en un plano las características del entramado de las calles que desembocan en las principales vías del ensanche: Nueva, Cruz Conde y Gran Capitán, y el flagrante contraste entre las mismas. Y sobre todo siguiendo la línea fósil de la antigua muralla.

Pero esa misma burguesía cortijero-ilustrada no contenta con el desaguisado urbanístico recién perpetrado tuvo que dejar su firma en el mismo corazón de la nueva obra. La erección de escultura ecuestre del guerrero montillano respondió a la necesidad de esa burguesía de buscar un afianzamiento simbólico de su poder. Se trataba de sellar la nueva alianza que se gestaba en esos momentos (años 20) entre esa burguesía cortijera y el Ejército postcolonial español. La desmoralización de las élites rancio-castizas y del ejército por la pérdida de las colonias de ultramar y el empuje reivindicativo del movimiento obrero que no compartía desde luego el universo simbólico oficial, dio lugar a una búsqueda de nuevas justificaciones para el mantenimiento del estado permanentemente en armas. La guerra de Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera y finalmente el sangriento aplastamiento de la República fueron hechos unidos umbilicalmente por el mismo espíritu.

Y mire usted por donde tenía que ser esta ciudad (o un pueblo de la provincia, no vamos a discutir por unos kmts más allá cuando de engrandecer la patria se trata) la cuna del ya casi olvidado guerrero medieval que reformó el ejército español, convirtiéndolo en el ejército profesional del que es heredero el actual. Un ejército que al mando de nuestro ilustre paisano arrasó primero las feraces vegas malagueñas y granadinas y tomó a sangre y fuego las ciudades del reino de Granada para unificar política y religiosamente el solar hispano bajo la égida de los Reyes Católicos. Que una vez aniquilada la morisma se trasladó al sur de Italia, otro sur pobre y desgraciado como el nuestro, a llevar más sangre y más fuego, más muerte y más destrucción para alimentar los primeros delirios imperiales (las pomporrutas imperiales del maestro Forges) de nuestro recién estrenado Estado Unificado. En la peana del monumento están grabados los nombres de los lugares devastados. Tal vez en ellos se acuerden también de don Gonzalo, aunque supongo que de diferente forma.

La escultura como tal es buena, obra de Mateo Inurria, que consiguió un hermoso efecto combinando el bronce del caballo y la armadura con el mármol blanco de la cabeza. El cachondeo popular sacó el bulo de que en realidad se trataba de la cabeza del torero Lagartijo que el autor había tenido que usar al habérsele roto la que había diseñado para don Gonzalo. Y la verdad es que le da un aire al otro fino matarife. Se inauguró en 1925 en la confluencia de la Avenida del Gran Capitán (hoy Bulevar) y la Ronda de los Tejares, justo frente de donde hoy se alza la mole de Nuestra Señora de El Corte Inglés. Dos años después se trasladaría a su actual emplazamiento en la plaza de las Tendillas.

Me imagino lo que se sentiría atañido el pueblo llano de Córdoba de aquellos años por la erección de un monumento a semejante héroe, en el dudoso caso de que tan siquiera alcanzaran a saber quién era (en realidad eso no ha cambiado nada). La pobreza más absoluta y el analfabetismo se cebaban en las clases populares de aquellos años y la lucha feroz por la supervivencia cotidiana llenaba todas sus expectativas. Y desde luego siempre que podían intentaban derribar de sus pedestales los símbolos de sus opresores. En 1918 el mismo Mateo Inurria terminaba un ampulosísimo monumento al recién fallecido Barroso y Castillo (1), que fue un simple ministro de la corona, hijo de la tierra, encargo de la misma burguesía a la que defendió, y que se colocó en los jardines de la Agricultura (más conocidos por Los Patos). A la imponente figura sedente del político acompañaban cuatro broncíneas figuras alegóricas que representaban el Arte, la Agricultura, el Trabajo y el Comercio. Pero el pueblo no debió entenderlas demasiado bien, porque cinco meses más tarde fue totalmente destruido en el transcurso de una multitudinaria manifestación anticaciquil. ¿Sería esa la causa del traslado del de El Gran Capitán? ¿Buscarle un lugar más recogidito, más a salvo de la iras del populacho hambriento y reivindicativo?

Hoy la escultura, El Caballo, como todo el mundo lo conoce, ha perdido todas las connotaciones en la mente de los ciudadanos y sólo representa un adorno urbano más, especialmente entrañable porque todos hemos crecido con su presencia majestuosa en la plaza del pueblo que ha sido siempre Las Tendillas. Pero no está mal conocer su origen y su significado primigenio.

Peor es, desde luego, la presencia ominosa de la monstruosa escultura ecuestre (una copia de la cual se instaló también en la plaza de su pueblo natal, Trujillo) del sanguinario conquistador y desalmada persona que fue Francisco Pizarro en la Plaza de Armas de Lima, sobre todo ahora que la ciudad ha dejado de ser patrimonio de la burguesía criolla blanca y ha sido tomada por la indiada inmigrante de las sierras del interior. O la de Franco en pleno centro de Madrid, la ciudad que martirizó sin piedad durante tres interminables años y convirtió en un cementerio para vivos durante cuarenta más.

Tan vez algún día se cumpla el sueño de Guy Debord que propuso




  • (1) A su político, Barroso y Castillo y a su militar, el Gran Capitán la burguesía cortijera tuvo que sumar dos patas más del banco monumental de su imaginario ideológico. La Iglesia fue contentada con la colocación de una tronante figura del obispo Osio, el inventor de las bases actuales del Catolicismo, en la plaza de las Capuchinas (1925) y la vena culturalista de la burguesía se vio alimentada con la erección de la que es sin duda la mejor escultura pública de la ciudad, la erigida al Duque de Rivas, el mayor productor de versos ripiosos de la Literatura Española, obra de Benlliure, en los jardines de la Victoria (1929). VOLVER

  • Escrito por manuel harazem
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    Comentarios

    1. Aunque resulta interesante escribir un texto como el que se ha pretendido, con interesantes ideas como punto de partida, el resultado no me ha satisfecho. Hay demasiada demagogia y retórica barata salpicando el texto, del tipo "¡oh sí, pobres muslimes granadinos, que ellos nunca hicieron daño a una mosca, masacrados por los diabólicos Reyes Católicos y sus esbirros sanguinarios!"; o "Pizarro, el asesino"; o eso de "los toros, que espectáculo tan cruel, yo soy un pacifista pero mataba a los toreros"; o "La República, aquel idílico Edén destruido por cuatro militares (y cuatro curas, podría añadir)...

      Todas esas simplezas estropean, a mi entender, un texto que parte de ideas interesantes. No se tome a mal estos comentarios, pues no se trata de un ataque personal, ni de una complacencia del "criticoneo por el criticoneo". Pero el criticismo extremo, sin matices, puede llevar a la sinrazón que dice combatir.

      Bydlo — 18-06-2005 17:47:23

    2. No, señor Bydlo, no me lo voy a tomar a mal, pero a cambio le pido que tampoco usted se tome a mal el que yo le diga que miente deliberadamente en su comentario para reforzar sus argumentos. Miente al retorcer paródicamente mis palabras para darles un tono estúpido y desagradable. Y eso que a usted le parece demagogia y retórica barata es el meollo medular del pensamiento democrático e ilustrado que profesamos los que queremos un mundo mejor consolidado sobre pilares éticos basados en la denuncia de la barbarie histórica que se ha vendido en este país como grandezas patrias. Para no repetir. Simplemente. Y para desagraviar a las víctimas.

      Como lo que parece molestarle es la falta de matices en mi criticismo extremo, ahí van unos pocos:

      Que los Reyes Católicos fueron responsables de algunas de esas barbaries, inaceptables éticamente incluso para los cánones de la época, es algo que pocos historiadores niegan, salvo, claro, los discípulos de Ricardo de la Cierva: expulsión de 250.000 campesinos y artesanos españoles, arrasamiento y pillaje de las tierras conquistadas al reino vecino y traición a sus propias Capitulaciones.

      Que Francisco Pizarro capturó a tahualpa ofreciéndole una falsa entrevista y que para liberarlo le exigió una inconmensurable cantidad de oro y que tras hacerse efectivo tal pago, ordenó que se le ejecutara a garrote vil es algo que nadie niega. Si eso no es ser un asesino desalmado... Yo no me controlo y, demagógicamente, lo llamo además hijo de la gran puta.

      Que la II República Española fue un régimen democrático que trataba de colocar a este agreste país junto a los demás países democráticos europeos y que fue derribado por un golpe de estado organizado por las fuerzas reaccionarias de la alta burguesía, los caciques terratenientes, la Iglesia Católica mediante el uso de la jauría de perros salvajes del Ejército Español, ya sólo le parece una afirmación demagógica a elementos castizos como usted, que aunque en vías de extinción, siguen siendo desgraciadamente demasiados.

      Los toros son un espectáculo salvaje, donde se conjugan la sangre, las moscas, el machismo, la crueldad disfrazada de pinturerismo pseudoartístico y la participación estelar del cretinismo colectivo. Y no, no me gustan los toreros muertos. Tal vez a usted sí, que parece defender un espectáculo donde se puede asistir a la muerte de alguno.

      Y ...sólo por curiosidad... ¿Cuáles son las ideas que le parecen a usted “interesantes como punto de partida”? ¿La de que la escultura como tal es buena? ¿la de que la plaza de las Tendillas es el corazón de la Córdoba moderna? ¿”La de que Córdoba es una ciudad singularmente bella”?...Ardo en deseos de saberlo...

      manuel harazem — 24-06-2005 14:03:13

    3. Gracias por su respuesta. Con todo, a mi entender sigue a Ud. "yéndosele la mano". Naturalmente, yo le provoqué y también exageré con lo de la demagogia y retórica barata. Que no es que no haya algo de ello en sus declaraciones, pero no tanto como yo decía. Quizá debí haber entrado desprovisto de saña y ser más justo, pero en fin, se le puede poner remedio ahora.

      Las ideas que Ud. expuso como punto de partida y me parecen buenas, ¿cuáles son? Pues además de lo que Ud. ha dicho, estoy de acuerdo en que durante muchas décadas se ha enseñoreado en Córdoba la especulación mobiliaria, el jugueteo con símbolos de retóricas imperialista, la falta de cuidado, de criterio y buen gusto en no pocas operaciones de arreglo y transformación de infraestructura urbanística. Que en la historia de la humanidad se han dado cita muchas glorificaciones de personajes en un grado que no lo merecían.

      Yo no retuerzo sus palabras para darles un tono estúpido y desagradable. He mostrado el camino que podían tomar esas declaraciones que Ud. hizo y les he colocado delante un espejo para que se dé cuenta de lo que pasa si se parte de argumentos con el tono de los suyos pero a la inversa. Tal vez no debería haberlo hecho, limitarme a lo primero y suprimir ese “espejo” a la inversa, porque no iba a lograr hacerle entender lo que quería con ese recurso. Yo pretendía decirle que demagogias se hacen por uno u otro lado, pero Ud. se iba a quedar con lo de “hala, comentarios fachas”.

      Buena parte de sus comentarios no son falsos, pero sí sesgados, y eso puede llevar a entender la historia de modo sesgado. La historia del mundo no es una confrontación de buenos y malos, como las de ciertas “pelis de vaqueros” u otras perpetraciones. No se trata tanto de lo que Ud. ha dicho, sino cómo lo ha dicho. Partir de ese tono por Ud. empleado sirve perfectamente a muchos para hacer de la historia eso mismo, una película de buenos y malos. Durante muchos años ya se crearon “películas como estas”, de pomposas gestas imperiales y demás “mercancía averiada” vestida de parafernalia casticista, que si los “buenos Reyes Católicos”, la “gesta americana” y patatín patatán. También durante un tiempo hemos asistido a las mitificaciones vestidas de retórica pseudorevolucionaria, anticlericalismo fácil, etc.

      Mire Ud., la historia esté llena de personajes sombríos y crueles. Al cabo, los seres humanos somos unas malas bestias en demasiadas ocasiones (me incluyo porque parto de la premisa de “metámonos todos y salga quien pueda”, no quiero que excluyéndome a priori de esa definición general me tomen por un tipo con ínfulas de santón). Pero en sus exposiciones parece como si le gustase jugar a los bandos, a separar facciones claramente y tomar partido por alguna de ellas señalando sólo los defectos de las otras. Tal vez Ud. no quería hacer todo eso que digo, y si es así le pido perdón. Naturalmente que uno debe tener claro los conceptos de lo que considera que le gusta y no le gusta, que le parece bien y mal. Pero la historia no es un juicio sumarísimo. En la historia por supuesto hay que hacer valoraciones, sacar conclusiones, no es mera descripción, y tampoco tiene que quedarse en el análisis.

      Durante la guerra civil castellana, la conquista del reino de Granada y las expulsiones de judíos y moriscos los Reyes Católicos cometieron iniquidades, tanto a título personal como sus súbditos. Pero, por ejemplo, no se hubiera conquistado de ese modo el reino nazarí si sus gobernantes musulmanes no hubieran estado tan preocupados por sacar provecho propio (no para sus súbditos, acordémonos de la palabrita, por desgracia eso de ciudadanos en sentido amplio no llegó hasta el siglo XIX), luchando una facción contra otra. Los pobladores cristianos de Castilla vieron muy bien la conquista del reino de Granada, porque así se acababan las expediciones de saqueo y pillaje que habían sufrido desde hacía siglos. Los episodios de saqueos, destrucción, rapto y forzamiento a esclavitud se dieron a ambos lados de aquella frontera, tanto por parte de cristianos castellanos como de islamitas nazaríes, durante siglos. El romancero es una magnífica muestra de todos aquellos avatares. Hubo de todo, como siempre en la historia, el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor. Ni se puede meter todo en un mismo saco sin distingos, ni hacer distingos a base de exageraciones y omisiones.

      Muy curioso como cuenta Ud. lo de Pizarro. Una historia llena de complicaciones y de cabronadas que muchas veces se ha contado de modo incompleto, tanto por parte de aduladorfes como de acérrimos enemigos de Pizarro. Desde luego Pizarro y su pandilla no eran señores refinados, cultos y sensibles. Un poco de más cultura y refinamiento tenía el señor Atahualpa, pero no menos mala leche que sus adversarios. Durante la entrevista con Pizarro, Atahualpa se las dio de chulo y de borde, como suele decirse. No se trata de que llegar en son de paz, de buena fe, y los españoles no aceptaran su buena voluntad y por el contrario le capturaran. Durante su cautiverio continuaron las intrigas entre facciones, y los partidarios de Huáscar instaron a Pizarro para que ejecutara a Atahualpa, y así desembarazarse de él. En su cautiverio, Atahualpa intentaba engatusar a Pizarro para zafarse de sus redes y “darle en cambiazo” con el descendiente de Huáscar, para que lo cautivara y a él le dejase libre. Pizarro era un bruto, pero era listo, porque sabía que si quería hacerse con el imperio Inca, dejar con vida al máximo gobernante traería problemas. Un debate muy antiguo y que ha vuelto a darse posteriormente. Recuérdense la ejecución de la familia del zar durante la guerra civil rusa. No es que se trate de casos iguales, pero sí la cuestión abordada sobre dar muerte a un gobernante. La cuestión es demasiado compleja y tendremos que dejarla para otra ocasión.

      Salta a la vista la culpabilidad de Franco y de la facción del ejército que llevó a cabo el golpe de estrado del 18 de julio (aunque para algunos no fuera así). No todo el ejército, desde luego, el ejército se dividió con la guerra; tampoco fueron “los mandos superiores” los que iniciaron el complot y golpe de Estado, aunque algunos se creyeron aquello y sacrificaron a militares que no estaban con el golpe. Parece que con sus declaraciones se da la imagen de que la República era entonces un paisaje idílico de convivencia. Pues no. La guerra civil de 1936 fue tan cruel, tan horrible, tan despiadada porque la sociedad española se dividió profundamente. No reinaba una paz trastocada por un puñado minoritario de “fachas”. Ni la violencia era la solución (desde luego, no era la solución el golpe de estado de los “nacionales”) ni la paz era lo que reinaba, por desgracia, en la República. Porque, a pesar de sus buenas intenciones, la República estuvo falta de apoyos: los gobernantes no supieron mantener el orden público, diversos partidos políticos de izquierda y derecha jugaron a la demagogia (clericalismo, anticlericalismo, demagogias revolucionarias, etc.), y quería construir una república “a su medida”, no un marco de convivencia para todos. Por cierto, aprovecha Ud. para deslizar la pullita y considerarme como “elemento castizo, ergo indeseable”. Muchas gracias (nótese mi sarcasmo en esta frase). Ud. viene con buenas palabritas, pero en el fondo me coloca disimuladamente la etiquetita de “facha”, en lugar de limitarse a pedirme matices. Pero en fin, me estaba arriesgando a ello por haber insinuado que podría Ud. ser un demagogo pseudoizquierdista (decir esto no significa que abomine de la izquierda, sino de quienes la adulteran con demagogias, no diré que sea su caso porque no le conozco). Eso nos paso a los dos por jugar con fuego. Afortunadamente vivimos bajo un régimen y un marco de convivencia que, con sus defectos y limitaciones, posibilita mediante un consenso común que hablemos de estas cosas sin llegar a las manos. Ojalá siempre fuera así y se acabaran los odios y las envidias. La segunda república fracasó porque no se pudo crear ese marco de convivencia. Y, para más INRI, vinieron a rematarlo con un golpe de Estado.

      Sobre los toros, en fin. Casi todos los pueblos tienen sus manifestaciones lúdico-festivas crueles. Sin ser una cosa maravillosa, tampoco los toros son el espectáculo sádico que muchos señalan. Cruel sí. Sádico no. Me parece más sádico y cruel tirar a una cabra de un tejado o por un barranco, o jugar a un juego de pelota en el que los perdedores mueran, o combates a muerte de guerreros en la arena. Los toros no se solazan en una crueldad excesiva, que es el sadismo. En verdad a mí los toros tampoco me convencen demasiado, no me gustan y se podría prescindir de ese sufrimiento de animales. También los animales sufren cuando se les mata por otros medios, sin espectáculo, para servir de alimento. Por fortuna se han hecho progresos y se ha minimizado ese sufrimiento en muchos lugares, ahorrando dichas agonías.

      En fin, creo que más o menos han quedado claros los argumentos de uno y otro. Los dos tenemos razones y ambos hemos exagerado cada cual en su parte. No pretenda llevar la razón exclusiva y excluirme del “meollo medular del pensamiento democrático e ilustrado”. Yo tampoco intentaré excluirle a Ud., pero le recomiendo que se cuide de los peligros de utilizar eslóganes al explicar la historia. Vea que yo no estoy exento de correr esos riesgos y también yo me dejé llevar por el polemismo facilón.

      Espero haber contestado sus dudas y expuesto claramente algunos de mis puntos de vista que no pretendían invalidar su artículo, sino corregirlo en algún extremo mediante matices. Por desgracia, ambos nos dejamos llevar por el polemismo, aunque no está mal, siempre que se sepa rectificar a tiempo y nunca perdernos el respeto el uno al otro.

      Atentamente.
      Bydlo

      Bydlo — 30-06-2005 20:03:04

    4. Fe de erratas y aclaración:

      En el segundo párrafo dije "mobiliaria" cuando quería decir "inmobiliaria".

      En el séptimo, hablando de Pizarro, quise escribir "aduladores".

      Perdón por alguna otra errata que haya quedado en mi texto.

      Aclaración: ese “meollo medular del pensamiento democrático e ilustrado” puede que sea más rico de lo que imagina. Yo me decanto partidario de la democracia, pero no siempre del pensamiento ilustrado, que es limitado. Por ejemplo, yo no creo en eso de la "bondad humana por naturaleza" de Rousseau, pero, al cabo, tampoco lo creía Voltaire, que se reía de lo del "buen salvaje" y también era un ilustrado. Por eso precisamente necesitamos una seria y completa educación en valores democráticos, porque la democracia no florece espontáneamente de los seres humanos, que tenemos una naturaleza egoísta, como la de otros animales (bueno, muchas veces somos hasta peores que los pobres animalillos); eso no es "malo" en sí, sino "inadecuado" para crear un marco de convivencia democrática. Somos imperfectos, somos débiles, somos mezquinos, egoístas, crueles, pero eso se puede cambiar. Es un trabajo muy dfícil, pero no por ello vamos a darnos por vencidos.

      Bydlo — 30-06-2005 20:19:45


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